Pablo Verón
Reivindicación de las raíces
Entrevista de Carlos Bevilacqua
Exclusivo para El Tangauta
Foto: Pablo Verón


“Los que creen que bailan tango 'nuevo' están utilizando mayormente los elementos de siempre”

¿Por qué te fuiste a vivir a Europa?
Porque me enamoré de una bailarina portuguesa. Igual, desde pibe sabía que iba a vivir afuera. Cuando mis viejos me mandaron a estudiar a Nueva York me gustó mucho, pero cuando fui con Tango Argentino a París vi que esa ciudad era todavía más interesante por la apertura que muestran a otras culturas. Estaba ligado a ella por lazos desconocidos.


No te fue mal. ¿Por qué te volviste?
Al contrario, me fue muy bien, pero hace un año y medio me reinstalé en Buenos Aires. Por un lado, para recuperar la conexión con algunos afectos y mi país y por otro, porque necesité un espacio más copado. Hoy en Francia hay mucha tensión social, política y económica y eso afecta la vida diaria. Para mí hay más espacios y libertad acá que allá.


A lo largo de tu carrera cambiaste mucho de compañera de baile. ¿Fue producto de una decisión o se fue dando?
Se fue dando. Tener una pareja estable como no tenerla tiene sus pros y sus contras. Hay que evaluar dónde esté uno física y mentalmente en cada período. Bailar al comienzo bastante con Carolina (Iotti) fue para mí fundamental para entrar en confianza conmigo mismo y con el lenguaje del tango. He tenido compañeras por años. Últimamente, según el proyecto fui cambiando.

¿Con qué objetivo armaste el videoclip Nexus?
 Fue como un ejercicio, por el mero placer de hacer la coreografía de mi propia música. También me sirvió para mostrar qué es lo que me interesa ahora. Quedé satisfecho porque lo armé todo en un mes. Quise hacer un clip sólo de baile y explorar cómo el tango puede dialogar con otros bailes al mismo nivel, sacándolo de su ámbito aislado pero manteniendo su interés como danza y en cierta manera amplificándolo.


Tanto en música como en baile pareciera que hay mucha gente mezclando. ¿La fusión está de moda?
Sí, la fusión está de moda y es necesaria para abrir perspectivas, pero yo mezclo teniendo muy arraigado el tango. Yo era bailarín de otras danzas y elegí hacer tango porque me llamó mucho y se me impuso como una prioridad. Investigué profundamente también otros bailes: en Estados Unidos el tap y el hip-hop (palabra que en realidad habla de todo un movimiento cultural que encierra muchos estilos de baile), en Cuba los bailes cubanos, y acá la danza contemporánea en el Teatro San Martín y el modern jazz, además de artes marciales. A eso hay que sumarle mi educación en la Escuela Nacional de Danzas.

Pero el tango es mi raíz y siempre me preocupé por captar su esencia. En mis años de aprendizaje fui a muchos clubes, bailongos y prácticas en una búsqueda casi arqueológica, por lo metódico. Iba a lugares como Sin Rumbo (mi preferido), Pinocho, Estudiantes del Norte y otros que ya no están. Aprendí mucho de Miguel Balmaceda, de Antonio Todaro, de Pepito Avellaneda, de Petróleo, que venía a casa, y de muchos que no me acuerdo el nombre. A su vez, haber trabajado principalmente con Virulazo, pero también con Gloria y Eduardo y con Juan Carlos Copes en Tango Argentino, me dio mucha información valiosa para mi principal meta, el tango auténtico sobre un escenario, con raíz y al mismo tiempo escénico.

Creo que las mezclas es mejor hacerlas cuando uno sabe lo que está mezclando. Hoy le meten de todo al pobre tango, sin aprender salsa le meten brazos y sin aprender tap se mandan unos zapateos donde la mina se queda mirándolos sin saber qué hacer. Por encontrar algo nuevo, se cae en algo superficial, facilista y un tanto autista, porque se enseña a pensar el baile y no a sentirlo. El pensamiento es demasiado lento para el estado que hay que tener para bailar. Esa actitud ausente de “estoy pensando algo importante” mientras se miran los pies o de “estoy relajado”, si no sabés lo que estás haciendo, es una pose y una carencia. Lo podés chequear preguntándoles a las buenas bailarinas que se embolan cuando las llevan de esa forma. Da pena ver a pibes como ensimismados contemplándose ellos mismos y que se están perdiendo de disfrutar los primores que tienen enfrente.

¿Estás hablando del llamado “tango nuevo”?

Hablar de tango nuevo como danza es difícil porque el nombre propone una división con el pasado y eso es muy discutible, relativo y engañoso. Esa era la definición de la música de Piazzolla y copiarle el nombre, como si eso fuera suficiente para ser su equivalente y así ser diferente, no mparece correcto. Es como si te quisieran hacer creer quinventaron el tango. Entonces: ¿qué se bailaba antes? El tango es el tango y siempre estuvo transformándose desde sus orígenes y si cada renovación fuera un tango nuevo, al día de hoy tendríamos varios tangos nuevos. Al tango lo hicimos entre todos los bailarines de todas las generaciones que aportamos algo ¡y esto viene pasando desde hace ya más de 100 años! Pensaron que el tango era tierra de nadie y le plantaron la bandera del nuevo, pero lo nuevo no es forzosamente mejor que lo viejo y no creo que se pueda ir lejos si se parte del principio de negar u oponerse al pasado. Al llamado tango nuevo le reconozco el mérito de preguntarse los porqués, tratar de explicar el funcionamiento y asociar de manera diferente el material, pero todavía esta en pañales y genera bastante confusión. Aunque colma una necesidad del mercado, pues está pensado como una maniobra comercial, carece de los fundamentos sólidos para llamarse a sí mismo “metodología”.
El hecho es que los que creen que bailan “nuevo” están utilizando mayormente los elementos de siempre. Los movimientos ya existían, lástima que no lo digan: giros, ganchos, boleos, sacadas del hombre y de la mujer para todos lados, cambios de dirección, arrastres, paradas, corridas, saltos, pasos cruzados, etcétera. El otro día me contaron que hay gente que cree que los giros lo inventó uno de los “profetas” de hoy. ¡Los giros los inventó Petróleo hace más de 50 años!
Lo que es verdaderamente nuevo es el comercio cada vez más masivo alrededor del tango en varios niveles. El baile se viene renovando desde hace mucho tiempo gracias a mucha gente y este proceso se aceleró en los últimos años porque se volvió un medio de vida muy interesante.

“Bailar pensando es lo menos recomendable, es una manera de restringir al máximo todo impulso creativo. El baile es emoción, sentidos, instinto”.

¿No pensás que el tango nuevo genera nuevas dinámicas?
Es interesante la propuesta de desafiar el eje, pero resulta que de cada tres pasos que dan, dos son fuera del eje y esto empieza a parasitar todo el baile, y desde las primeras clases. Se repiten estos patrones permanentemente, dado que se los idealiza porque son “moda” y de esto resulta un baile monótono, previsible y estereotipado. ¡Bailan como si bailaran al compás de un metrónomo y no de una flor de orquesta! Así el baile del hombre pierde dinámica, presencia y lo que yo llamo bailar: desplazarse con dinámica, caminar, girar, verdadera velocidad, complejidad variada. Se debería estimular, y yo lo hago, lo que el bailarín debe trabajar: el eje, por qué cuidarlo y cómo usarlo, identificar una buena postura, profunda conexión con la mujer, las diferentes maneras de abrazar, la calidad del movimiento, desde dónde viene y cómo liberarlo. Tengo que decirlo: este generar modas absurdas, el "star system", la onda VIP, la desinformación de la historia para beneficio propio, los que se autoproclaman inventores de figuras o movimientos que son patrimonio colectivo son fenómenos lamentables.
La gente con la que yo aprendí era más exigente y menos ambiciosa. No eran “fast food”. Algunos “genios” cuando hacen sus exhibiciones también son “fast food” y bailan como profesores, porque aprendieron como profesores, aprenden verdades absolutas y así se los ve de estáticos. No bailan para ser artistas únicos, bailan como para que el alumno sienta que el también lo puede hacer y subyace la consigna de “te enseño este truquito, venís, me pagás y estás en la onda”.
Para mí la última gran pareja fue Roberto Herrera con Vanina Bilous. Ellos proponían algo excepcional, inimitable y súper estético. Por ahora, la estética “nuevo” es pobre y superficial y muchos profesionales de la danza, que tienen la mirada no condicionada y no están metidos en la “modita” prefieren toda la vida a Gloria y Eduardo, por ejemplo. Por supuesto hay gente que baila bien, pero se ve una desorientación y mediocrización general, muchísima gente bailando igual, como clonados. Hoy la idea es bailar como otro y antes era exactamente lo opuesto, lo prohibido. No te llega al corazón, es como si no tuviera alma, parece un desfile de moda. Quizás sea pesimista, aunque hay mucha gente que opina igual, pero si seguimos asÍ pronto no habrá mas bailarines de tango.

¿Pero esa estandarización es producto del tango nuevo o de este sistema de transmisión más académico que el de la época de oro?
El tango nuevo por ahora me da la impresión que es eso: una pretensión de transmisión académica para poder enseñar y darle a la gente la seguridad de que tienen una verdad total. Hacer profesores que a su vez crearán otros profesores y, por lo tanto, un público cada vez mayor. Pero se ve claramente que no produce mejores bailarines. Antes había más estilos personales porque había menos comercio, menos manipulación. Había un sistema de transmisión más intuitivo, más directo y honesto. Hoy se juega con la ignorancia de la gente. Ojalá se estudie más el baile de antes para rescatar dinámicas que están como ocultas, revisitarlas y desde ahí despegar con buenas bases. Si investigaran verían cómo los que se dicen hoy inventores de esto o de lo otro copiaron muchísimo a maestros hoy desaparecidos. Si buscara figuración personal yo también podría decir que soy el inventor del tango nuevo.

¿Por qué?
De hecho, es lo que la gente piensa en todo el mundo, que es donde trabajo. La leccion de tango fue la primera visión de un tango diferente, moderno, la que marcó e inspiró el cambio, y el coreografo de esa pelicula fui yo, ¡es mi baile! Hay como 11 o 12 bailes, de los cuales 9 son números míos y por eso recibí el American Coreography Award, el premio principal de la coreografía en Estados Unidos y el premio SADAIC por la difusión del repertorio nacional en el exterior. Pero jamás me sentí el creador de esta moda ni traté de tener ese discurso, traer agua a mi molino y ser “alguien”. Empecé en el ambiente bien auténtico del tango, los milongueros me abrieron los brazos y de ellos aprendí. Después seguí mi necesidad de transformar lo aprendido, crecí y acá estoy. Soy un continuador de una corriente que viene de lejos, el tango. Y soy un creador.

¿Qué peso tuvo esa película en el resurgimiento del tango en los ’90?
 Hasta hoy sigo recibiendo mails de todo el mundo de personas que me agradecen la inspiración que recibieron al verme bailar en esa película. En Europa, Estados Unidos y Asia miles de personas empezaron a bailar tango luego de haberla visto. La siguen pasando regularmente por televisión en varios países a pesar de no ser de consumo masivo, porque es una película de autor, en blanco y negro y con una sensibilidad particular. Es la única película que muestra una cara auténtica del tango, lejos del estereotipo comercial habitual.

¿Por qué das clases?
Aprendés porque cada persona es diferente y es una elaboración constante que enriquece mucho, un contacto muy directo. Doy pautas de movimiento permitiendo que los alumnos exploren y luego descubran cosas por sí mismos. Lo que propongo es más neutro, no adhiere a una tendencia. A veces trabajo la rapidez, la energía y el verdadero riesgo; otras veces la conexión, el balance, lo sutil. También doy algunos datos anatómicos, cómo hacer un buen uso de los brazos y las piernas, donde nace el impulso. Siempre en algún momento doy bastante información sobre posibles secuencias.

Eso no suena tan diferente de lo que se estudia en Villa Malcolm, lugar paradigmático del llamado tango nuevo.
 No sé qué pasa en Villa Malcolm, fui un par de veces nada más. El tema también es quién, qué y cómo te muestra las cosas. Te pueden hablar de conceptos muy convincentes y verdades universales pero si las secuencias son inútiles por lo inaplicables y poco prácticas y hechas porque van bien con la explicación, si el que muestra no sabe bailar o no tiene verdadero interés, o usa la situación para hacer su propio show o los trata como si estuvieran en un jardín de infantes, la gente se confunde. A mí me llegan alumnos que me cuentan que les dicen que en 4 clases y con 4 pasos salen bailando el tango, que es el baile de pareja más complejo, profundo y paradigmático que existe. Me cuentan que les enseñan a pensar en términos geométricos y aprenden todo fragmentado, que los profes reducen el baile a lo que pueden explicar pero la explicación no refleja la esencia, que saben pero no comprenden, que se quedan vacíos y sienten que no bailan, como en un callejón sin salida. Bailar pensando es lo menos recomendable, es una manera de restringir al máximo todo impulso creativo. El baile es emoción, sentidos, instinto.

¿Pero no es una técnica también?
¿No sirve entenderlo? Cuando una técnica pretende explicar el todo desde una limitación, vamos mal. Hay maneras mucho más completas de explicar el tango que a través de una geometría básica.

¿Qué tiene de bueno este momento del tango?
 Su revalorización mundial. El trabajo de tanta gente que se involucra y que hace que suba el nivel y que se difunda en el mundo entero. La cantidad de gente joven. La idea de bailar más orgánicamente. Las milongas más informales, con menos rigidez en las costumbres. Cuando empecé a bailar tango iba a la “verdulería”, un lugar a la moda, con una vincha hippie y ojotas. Para bailar en Tango Argentino me puse el casco de gomina pero porque tenía que cumplir con la recreación artística de una época. El tango es un baile popular y moderno, no algo folclórico arcaico.

Más allá de que no te gusten los festivales, en los últimos dos años participaste en varios.
 No es que no me gusten, pero los grandes festivales me suenan a mercado y yo prefiero ir a lugares donde hay una comunidad y donde se puede tener un contacto más directo y tranquilo con la gente, así soy. Mis últimos tiempos se dividen entre clases y proyectos artísticos que me despierten interés. Participé en un par de eventos que organizó Johana Copes porque coincidimos con las fechas, pero un poco le huyo a los grandes eventos.

Además de lo que puede surgir a partir de Nexus, ¿cuáles son tus proyectos artísticos?

Tengo varios, pero prefiero no revelarlos por cábala. Sí te puedo decir que están relacionados con el cine y el teatro. Siempre estoy trabajando, haciendo lo que me gusta y aprendiendo.